La lluvia caía sobre Puerto Salmuera como
si algún dios borracho hubiera derramado
el océano sobre los tejados.
Yo estaba sentado en mi oficina, en el
tercer piso de un edificio tan viejo que
los fantasmas pagaban arriendo,
observando cómo una gotera intentaba
llenar mi
taza de
café antes
que yo.
Mi nombre es
Viktor Grimsby.
Investigador privado.
Humano.
Treinta y ocho
años.
Dos cicatrices.
Tres deudas.
Y un profundo
desprecio por los
bardos.
...
Especialmente
por los bardos.
La puerta se abrió de golpe.
Entró una mujer.
Era una elfa.
Alta.
Elegante.
Vestida
completamente de negro.
Y llevaba una cabra.
La cabra también vestía de negro.